Crispr-Cas9 y PCR
Trabajo realizado por Iker Castillo Carvajal y Daniel Lobato Sánchez
Alguna vez te has preguntado cómo los científicos pueden encontrar una aguja en un pajar genético? La respuesta es la PCR, o Reacción en Cadena de la Polimerasa.
Inventada por Kary Mullis en 1983 —lo que le valió un Premio Nobel—, esta técnica es básicamente una fotocopiadora molecular. Nos permite tomar una cantidad minúscula de ADN y crear millones de copias en cuestión de horas para poder estudiarlo.
Para que esto ocurra, necesitamos un ciclo de temperaturas en una máquina llamada termociclador. El proceso se repite unas 30 veces y tiene tres pasos clave:
1. Desnaturalización: Calentamos el ADN a unos 95°C para separar las dos hebras de la doble hélice.
2. Anillamiento: Bajamos la temperatura (entre 50°C y 65°C) para que los "cebadores" —unas pequeñas piezas de ADN diseñadas a medida— se unan a la zona específica que queremos copiar.
3. Extensión: A unos 72°C, una enzima todoterreno llamada Taq polimerasa entra en acción, recorriendo la cadena y fabricando la copia complementaria.
La PCR seguro te suena por los tests de diagnóstico, pero sus usos van mucho más allá. Sirve en la
* Medicina Forense: para Identificar a una persona con solo una gota de sangre o un cabello en la escena de un crimen.
* Diagnóstico de Enfermedades: No solo COVID-19, sino también VIH, hepatitis o detección precoz de cáncer.
* Paleontología: Gracias a la PCR hemos podido secuenciar ADN de mamuts o neandertales que tienen miles de años.
* Pruebas de Paternidad: Para confirmar vínculos biológicos con una precisión casi absoluta.
Conclusión y Dato Curioso
Lo más increíble es su crecimiento exponencial. Si empezamos con una sola molécula de ADN, tras solo 30 ciclos de PCR, ¡tendríamos más de mil millones de copias!
Sin esta técnica, la medicina moderna y la biotecnología estarían a ciegas. La PCR es, literalmente, el motor que permite leer el libro de la vida.
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